Encantada de conocerte

Mi nombre es Irene, he creado este espacio para compartir contigo mis historias. Algunas serán reales, otras no, eso no debe preocuparte, tan sólo debes concentrarte en disfrutar.

Para comenzar creo que es justo que te cuente mi historia y cómo he llegado hasta aquí.

Nací en Sabadell en el año 1992, es una ciudad con aires industriales de la provincia de Barcelona, a mi me gusta llamarlo el Londres barcelonés, porque el color de sus cielos suele tender al plomo y no es de extrañar que una lluvia taciturna bañe sus calles la mayor parte del año.

Desde muy pequeña destaqué por mi enorme imaginación, mis padres se las ingeniaban para evadirse de mis constantes historias, que podían durar horas. Como todavía no escribía me dedicaba a la cháchara.

Se puede decir que mi recorrido fue el mismo que el de la evolución de la literatura.

Porque como sabrás antes del papel, la tinta y la escritura las historias se transmitían a viva voz. Y eso hacía yo. Aunque mi público, por desgracia, era reducido. Y digo “por desgracia” no por mí, sino por mi pobre público, que eran básicamente mis padres.

¡Total!

Que les calentaba la cabeza día tras día con mis fantasías hasta que me instruyeron para que pudiera desarrollar mis historias por mi cuenta, es decir, me mandaron a jugar a mi habitación. De manera muy cariñosa y educada, por supuesto.

Como en el colegio tampoco triunfaba, en seguida tuve que buscarme la vida y ahí estaban mis amigos imaginarios para echarme una mano.

Pasaba muchísimo más tiempo inventando el juego y la historia que iba a contar a través de él, que jugando.

Confeccionaba historias como un sastre hace un traje a medida. Pensando en quien iba a llevarlo.

Hay que decir que antes de ser capaz de escribir las letras del abecedario y formar palabras con un lápiz, ya me interesaba eso de escribir, así que me dedicaba a llenar folios y folios de garabatos a los que yo encontraba todo el sentido, pero mis padres llamaban “basura”. Podían sacar varias bolsas llenas de papeles de mi habitación cada mes.

(Todavía no era eco-friendly, ahora no gasto folios al tuntún, tranquilos).

Cuando tenía unos 11 años comencé a interesarme por la poesía y mi madre me enseñó las nociones básicas para poder escribir tres versos seguidos. Así escribí mis primeros poemas, que con suerte tenían 5 versos.

El número cinco es una constante en mi vida, pero de eso ya os hablaré en otra ocasión.

Con 13 años Don Tomás, profesor de Lengua y Literatura del instituto, nos mandó como trabajo de vacaciones escribir una novela, que debía tener al menos 40 páginas, si no recuerdo mal.

Debo reconocer que en un principio me lo tomé como un castigo.

Disfruté tanto, me gustó tanto, no os lo podéis imaginar. Hay que tener en cuenta que por aquella época mis compañeros de clase y mis amigas empezaban a pensar que eso de jugar era de críos. Y yo veía como mi medio de expresión favorito tenía los días contados. Así que aquella novela fue el bote salvavidas de mis historias y me dio una herramienta para darle salida sin perjudicar mi reputación entre los compis del insti.

Después de esa vinieron muchas más, algunas las acabé, otras siguen esperándome a medio hacer dentro de alguna carpeta envejecida por el tiempo y los poemas, ¿qué fue de ellos?

Me han acompañado siempre, sin embargo, me siento mucho más libre contando historias y dejo la poesía como mi saco de boxeo particular, cuando un sentimiento se apodera de mi y necesito sacarlo de golpe, me dedico a escribir unos cuantos versos.

Aquí viene lo triste de mi historia y de mis historias.

¡Nunca* han visto la luz!

Tengo varias novelas terminadas, cuento unas seis y ninguna publicada.

¿Por qué?

Llámalo síndrome del impostor, perfeccionismo, timidez, excusas, falta de voluntad, … Todas beben de lo mismo: el miedo.

Y eso nos lleva a este momento, en el que me he propuesto publicar todo mi trabajo para que vea la luz y acompañe a otros, porque como decía mi abuela María “siempre hay un roto para un descosío“, y si yo nací para contar historias habrá por ahí un montón de personas dispuestas a escucharlas.

Por eso te pido a ti, que te quedes conmigo para que mis historias vean por fin la luz, la de tus ojos y encuentren en ti su hábitat favorito, porque no nacieron para estar escondidas en una carpeta vieja, sino para viajar por todo el mundo.

Es algo que me ha costado entender y que me sigue aterrando, pero como cualquier buen hijo deben dejar el nido y emprender su propio vuelo.

*Esta historia tiene letra pequeña. Y es que no puedo decir que nunca publiqué ninguna de mis novelas, porque en 2011 lo hice, publiqué una de ellas, pero poco después la retiré del mercado por vergüenza. Ahora la estoy corrigiendo y he decidido que como disculpa será la primera que publicaré porque nunca debí avergonzarme de ella.

Y hasta aquí este pedacito de mi historia.

Espero verte de nuevo por aquí.

Te mando un abrazo con todas sus letras.

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