Mudanzas: 3 tips para sobrevivir a ellas

Dicen que hace falta un año para adaptarse a una nueva casa, un nuevo barrio, una nueva ciudad y formar parte de ella.

Tener tus lugares favoritos para hacer la compra, esa cafetería que eliges siempre para leer, ese parque por el que atajas, tu lugar preferido para aparcar si tienes coche.

Todos esos detalles que hacen que sientas que formas parte de un lugar.

Nadie te prepara para todo lo que comporta una mudanza, por mucho que te mentalices, incluso si ya te mudaste antes.

No hay dos mudanzas iguales.

La mudanza empieza el día que te haces con unas cuantas cajas para comenzar a llenarlas con tus cosas.

Al principio, por supuesto, tienes la intención de llevártelo todo. 

¡Qué poco nos gusta tener que priorizar!

Cuando has llenado por completo las primeras cajas descubres que tienes muchas más cosas de las que pensabas y, en ese momento, entra en juego tu faceta destructiva, de repente, tirarías todas tus cosas con tal de no tener que seguir haciendo cajas.

Quien haya hecho más de una mudanza sabe de lo que hablo.

Y lo haces, muy resuelta, coges un gran saco de basura y empiezas a tirar un mogollón de cosas de las que estás dispuesta a deshacerte.

¡Ay, amiga! Que poco te dura.

Pasas por delante de la bolsa y empiezas a mirar con otros ojos las cosas que has tirado, las revisas, recuerdas cuándo las compraste o quién te lo regaló, todo se complica. Aparece el apego.

Aquí entra en juego el primer tip para sobrevivir a una mudanza.

Hay un proverbio de esos, no recuerdo quién lo dijo, ni de dónde procedía, pero lo importante es el mensaje:

Si tienes una silla que no utilizas, eres esclavo de esa silla. Pues pese a que no la utilices tienes que limpiarla, moverla y tratarla con cuidado para que se mantenga en buen estado, por no hablar del espacio que ocupa.

Este mensaje me cambió la vida.

Así que cada vez que tomo una cosa entre mis manos me pregunto, ¿soy esclava de esta cosa o cumple alguna función en mi vida que haga que merezca la pena que la conserve?

Si no aporta nada, ¡a la saca!

Por supuesto, tendrás montones de cosas que ya no quieras, pero te dé cosa tirarlas.

Si tienen alguna utilidad para otra persona, regálalas o dónalas. Si tienes más paciencia que un santo también puedes intentar venderlas en Wallapop, Segunda Mano, Vinted o algún portal de este estilo.

Aunque te diré, que normalmente la mudanza suele ser inminente y tratar de vender cosas solo añadirá más estrés a tu vida (por si la mudanza no fuera suficiente), yo suelo preferir donarlo, aunque alguna vez he vendido cosas.

Seguimos…

Ya tienes todas tus cajas mejor o peor hechas, mejor o peor organizadas, da igual, ¿verdad?

Tus cosas están empaquetadas, ahora toca llevarlas hasta el lugar al que te vas a mudar.

En el mejor de los casos tendrás solvencia para contratar una empresa de mudanzas, pero si eres una pobre desgraciada como yo, te tocará alquilar una furgoneta, dar más viajes que vueltas da un reloj a lo largo de su vida o enviártelo por correo postal si te toca cruzar el charco (qué mal lo pasé, señor).

Bien, las cajas han llegado a su destino, ¿y ahora qué?

Toca desempaquetar.

Aquí cobra sentido lo de “mejor o peor hechas, mejor o peor organizadas”.

¡Ja!

Y es que como seas de esas personas que meten las cosas al tuntún en las cajas sin criterio vas a tardar la vida en tenerlo todo en su lugar.

Así que aquí viene el segundo tip para mudanzas:

Haz una caja por cada habitación de la nueva casa y mete allí lo que vayas a necesitar o tener en esa habitación.

Evidentemente para poder hacer esto has debido pararte a pensar qué irá en cada habitación de tu nuevo rincón. Te parecerá que vas a tardar una eternidad, pero todo el tiempo que inviertas en esto te lo ahorrarás al desempaquetar, te lo garantizo.

Y bueno, en cuanto a instalarte y hacerte al lugar, hay varias cosas que te recomiendo y que forman un único tip que titularé: adaptarte al nuevo lugar.

  • Busca dónde está el centro de salud, la farmacia y el herbolario más cercano. Cuando te pones mala lo que menos te apetece es tener que andar buscando dónde leches están, es mejor tenerlas localizadas previamente. ¡Ah! Y compra un termómetro si no lo tienes. Otro día te cuento por qué.
  • Observa bien las zonas comunes. El tan aclamado “a donde fueres haz lo que vieres“. Intenta no desentonar de las manías de tus vecinos, evitarás empezar con mal pie.
  • Preséntate cuando te los cruces, aunque te miren raro, causa muy buen efecto. Nada de bizcochos y galletas, por lo menos en España. Solo una breve presentación. “Hola, soy Irene, acabo de mudarme al 4ºA”. Listo, a seguir con tu vida.
  • Busca qué supermercados, panaderías y demás tiendecitas de víveres tienes cerca. La mayoría de ellas, salvo los negocios muy pequeños, tendrán catálogo online y podrás ver las que más te interesan, las que están más cerca para cuando tengas que comprar productos pesados (si no tienes coche o no quieres envío a domicilio) y las mejores ofertas.
  • Si no tienes coche, ni tampoco tiendas relativamente cerca, hazte con un carro de abuela. Tu espalda te lo agradecerá.
  • Cada día cuando salgas a cualquier lugar intenta pasar por alguna calle nueva para descubrir qué tienes alrededor.
  • En tus días libres permítete perderte dando un paseo, hoy en día tenemos Google maps, si te pierdes podrás volver a casa fácilmente. Y marca en Google maps los lugares que te gustan, hay una opción para esto mediante la que señalas los lugares que quieres visitar, así podrás volver a encontrarlos.
  • Que no te dé vergüenza preguntar a la gente del lugar cuando necesites algo, ellos lo conocen mejor que tú y te recomendarán encantados. Te recomiendo que preguntes a gente que no puede huir de ti: cajero, carnicero, panadera, policía, ya tú sabes.
  • Aprovecha para visitar lugares con encanto de tu nuevo entorno para añadir valor, cada cual lo que le interese: parques, museos, teatros, cines, centros comerciales.
  • Tómatelo con calma. Con toda la que puedas. Por muy bien que lo hagas y que te organices te llevará tu tiempo adaptarte al lugar.

Y hasta aquí mis tres tips para sobrevivir a las mudanzas.

Con este post abro una nueva sección dentro de “mis historias” que llamaremos artículos, para compartir con vosotros de una manera más desenfada y menos literaria todo tipo de cosas y experiencias.

Llevo más de 23 mudanzas, ¡de algo me tiene que servir!

Cuéntame en comentarios qué te ha parecido, alguna anécdota de tus mudanzas y dime qué esperas encontrar en el próximo post.

Estaré encantada de leerte.

Nos vemos pronto, ¡un abrazo con todas sus letras! 

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