Caminante no hay camino…

Siempre me ha gustado mucho andar, aunque en realidad va más allá, no solo me gusta, lo necesito.

Me hace bien, me ayuda a relajarme, liberar tensión, centrarme, … Encontrar el rumbo.

Nunca mejor dicho, ¿no?

Y quizá sea en parte por mis padres, ya que recuerdo que durante toda mi vida, desde que tengo uso de razón, uno de nuestros pasatiempos familiares era salir a caminar. ¿Hacia dónde? Ni siquiera lo preguntábamos, salíamos a pasear por el gusto de caminar, ahora estoy segura.

Por eso no había decepción cuando después de elegir una ruta de senderismo, no era especialmente bonita, o no tenía nada que fuera realmente de interés, porque lo importante era caminar.

Actualmente estoy leyendo «La vida contada por un sapiens a un neandertal» de Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga. En el capítulo seis llamado «El bípedo portentoso» hablan sobre cómo funciona el sistema de locomoción del ser humano y cómo llegamos a ser así.

Resulta que estamos hechos para caminar. No, no pongas esa cara, parece una evidencia, ¿verdad? ¿Cuántas horas caminas a lo largo del día? Ya decía yo.

Y es que aunque nuestra cultura se ha “sofisticado” mucho en los últimos siglos, nuestro cuerpo sigue siendo prácticamente igual que hace miles de años, cuando llegamos a ser lo que somos hoy en día. Y por tanto, sigue teniendo las mismas necesidades y está concebido para una vida que nada, o muy poco, tiene que ver con la vida en esta parte del mundo.

Y así comenzó dentro de mí un diálogo interno, al leer aquellas lecciones que Arsuaga recitaba a través de la pluma de Juan José Millás, no solo esta, sino muchas otras.

El libro es realmente interesante, lo recomiendo totalmente.

Como suele suceder, no sé si por cuestiones del destino, o más bien porque en ocasiones vemos lo que queremos ver, se presentó frente a mí un vídeo del canal de Instagram @aprendemosjuntosbbva en el que aparecía Nacho Dean reflexionando sobre su experiencia de haber dado la vuelta al mundo caminando, permitiéndose descubrir quién era, qué era la soledad, cuáles eran sus diferentes caras, cuál era el mayor combustible del ser humano y priorizar lo que realmente tiene valor en nuestras vidas.

Si no lo habéis visto, os recomiendo encarecidamente que lo veáis.

Me conmovió, de tal manera, que por un momento desee imitarle y marcharme a dar la vuelta por el mundo caminando, incluso llegué a pensar cómo podía hacer para no tener que asumir ningún coste, ya que para hacerlo debería dejar mi trabajo, claro. En seguida comprendí que lo que envidiaba no era que hubiera dado la vuelta al mundo, sino el estado espiritual en el que se encontraba.

Nacho ha encontrado dentro de sí su propósito vital y es fiel al mismo. ¡Qué belleza! Irradia serenidad, plenitud, satisfacción y una gran madurez. Eso es en realidad lo que yo anhelaba, lo que envidiaba de aquel completo desconocido al que miraba a través de la pantalla de mi smartphone.

Cuando algo me conmueve suelo volverme adicta a esa sensación durante algún tiempo, así que vi en bucle el vídeo unas cuantas veces, hasta que di con la lectura que podía sacar de todo aquello y del valor que tenía para mí.

Siempre he sido buena contando historias, no lo digo yo, lo dicen mis amigas cuando me piden que pare entre carcajadas con dolores de barriga y la vejiga contenida, lo dijeron unos completos desconocidos al oírme recitar uno de mis poemas y la historia que había detrás de él, lo dicen mis seres queridos, a los que no tomo tan en serio por motivos evidentes, me quieren, ¿qué me van a decir ellos? Lo dijo una florista de Sabadell cuando tenía tres o cuatro años (bueno, en realidad dijo “esta niña será escritora” a modo de premonición). Y lo digo yo, porque llevo toda la vida contando historias y entreteniendo a todo aquel que quiera escucharlas. Tengo mucho que mejorar, pero como se suele decir, lo cortés no quita lo valiente.

Así que bueno, del vídeo de Nacho Dean saqué fuerzas para continuar en mi empeño por creer en mí y dedicarme a escribir como propósito vital.

Y otra de las conclusiones fue que quería andar más.

Soy una persona muy ocupada (no, no estoy haciéndome la interesante), tengo la habilidad de llenar mi agenda, y mi vida también, de todo tipo de compromisos y obligaciones, que elijo por gusto, pero claro, el día tiene un número de horas y mis ansias de conocerlo, aprenderlo y descubrirlo todo no dan de sí, de modo que al final, he tenido que aprender a priorizar e ir poco a poco, primero una cosa, luego otra, porque sino llega un momento en que lo tengo todo empezado y nada terminado.

Así que para caminar más, tengo que deshacerme de alguna de las cosas que hago rutinariamente. En este caso sale perdiendo el gimnasio. Para complementar aquello que caminar no me da, retomaré una afición que descubrí durante el confinamiento y dejé cuando empecé el gimnasio: practicar yoga.

Antes de tomar una decisión, me gusta simularla en mi mente, así que viendo de nuevo el vídeo, releyendo las páginas del capítulo del libro, comencé a imaginarme cómo haría para caminar cada día al menos una hora y además hacer yoga. Todo cuadraba y, además, solo de pensarlo me sentía tan bien que no pude esperar más, cogí la correa del perro y me marché a caminar.

Hubo una frase, una en concreto, que sería capaz de tatuarme si no supiera que vivo en constante cambio, y que no tengo suficientes centímetros de piel para tatuarme todas las frases que me cambian la vida, que me conmueven y que pasan a formar parte de mi ideario.

“Caminar implica ser dueño de tu tiempo”

Nacho Dean – Aventurero y divulgador.

Con vuestro permiso, me quedo con otra más, que terminó de atar los cabos de lo que llevaba rumiando durante días a raíz del libro:

“La velocidad de caminar, es perfecta, porque sincroniza con la velocidad de pensar, reflexionar. Es el medio de transporte ideal para desarrollar la conciencia.”

Nacho Dean – Aventurero y divulgador.

Y para saciar mis ganas de aventura y de dar la vuelta al mundo caminando compré el libro de Nacho titulado «Libre y Salvaje».

Para colmo, para cerrar este artículo y este pensamiento, hace unos días comencé a ver la serie de Amazon Prime «Con ella empezó todo». Narra la historia de Zelda Sayre, la que fue esposa de F. Scott Fitzgerald, conforme iba avanzando la historia algo comenzó a olerme mal, así que busqué información sobre esta genuina mujer. ¡Menuda historia de terror! Cuanto dolor, cuanto sufrimiento, del todo innecesario. Ella no pudo desarrollar su talento, no pudo vivir su propósito e intentarlo una y otra vez le costó muy caro, demasiado.

De modo que, teniéndolo todo a favor para vivir mi propósito, ¿cómo voy a darle la espalda?

No le pido a la vida más que voluntad para alcanzar la plenitud a través de mi propósito y encontrarme algún día de nuevo con este vídeo de Nacho Dean y no anhelar nada, pues me encontraré en el mismo lugar que él.

Una respuesta a “Caminante no hay camino…

  1. Que limpio está el aire en ese espacio sin muros. El camino y la vida, y un horizonte. Nuestro horizonte.
    Leeré el libro, por supuestisimo. Y escucharé a Nacho.
    Siempre he pensado lo dolorosa que debe ser nuestra primera respiración. Todo ese aire abriéndose pasó por los tejidos vírgenes. La vida inundando nos. Ya parte de todo. Jajaja, se me fue un poco la cabeza. Pensaba en ser dueños del placer de nosotros mismos. Gracias

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