Tochi – Un lugar al que volver

Desde la última vez que regresamos a Tochi hace más de 100 años, la mayoría de nosotros ni siquiera habíamos nacido todavía, solo los sabios conocen la historia de aquel viaje y nos la han contado cientos de veces a todos. Sobre como sus ojos se llenaron de lágrimas al contemplar la enfermedad que asolaba a su querido planeta, para ellos también fue su primera vez, de modo que tuvieron que comparar lo que encontraron con lo que les habían contado los sabios de su época y las imágenes que les habían enseñado. No sabíamos qué encontraríamos al llegar, en algunos de sus regresos habían encontrado naves enemigas que no les habían permitido acercarse al planeta y ni siquiera habían podido descender, pero eso fue hace cientos de años cuando la Civilización Roja todavía gobernaba Tochi. 

Nuestros ancestros tuvieron que huir cuando ellos se adueñaron del planeta después de una guerra entre la Unión y la Civilización Roja, una batalla con armas químicas que sesgó muchas vidas y dejó el planeta sumido en la enfermedad. La cura llegó pronto, pero fue parte del final, los que fueron inoculados con aquel remedio envenenado perdieron la voluntad de decidir sobre sus vidas, en ese momento muchos se negaron a vacunarse, la presión era cada vez mayor, huyeron a otros continentes, pero al final la enfermedad llegó a todas partes y la vacuna la siguió también. Solo aquellos inmunes al virus sobrevivieron y como no quedaba lugar en el que no fueran perseguidos tuvieron que huir fuera del planeta. 

Se enviaron naves al espacio de diferentes zonas del mundo, al principio tan solo esperaban a que la situación mejorase con el pequeño residuo de la Rebelión que había quedado allí y al que entre todos prestábamos apoyo, pero dejaron de comunicarse, pasaron años sin respuesta y la primera nave en descender para ver si continuaban con vida fue capturada y vacunada. Después, algunas de las tripulaciones tomaron su propio camino, decidieron buscar el modo de sobrevivir en el espacio o buscaron un planeta que pudieran habitar. Pero la mayoría de las naves no estaban hechas para permanecer tanto tiempo en el espacio, de modo que, fue necesario ensamblar varias de ellas para construir naves autosuficientes que dispusieran de todos los recursos necesarios para sobrevivir durante centenares de años. 

Así se conformaron tres grandes naves o ciudades estelares: Ribatarian, Star y Herätä. La primera es donde me encuentro yo ahora escribiendo estas páginas para que los que están por venir puedan leer algún día mi historia, la segunda desapareció un día engullida por un agujero negro cuando se aproximó demasiado a él tratando de encontrar la manera de viajar a gran velocidad hasta la siguiente galaxia, y la última partió un día en dirección contraria a la nuestra en un viaje de exploración, como los que nosotros solemos hacer y nunca regresó al punto de encuentro. Mis ancestros la esperaron durante más de diez años y nunca apareció. Me gusta pensar que encontraron un planeta que habitar, tan lejano que no lograron comunicarse con nosotros y que tampoco podemos alcanzar, pero en realidad, lo más probable es que o bien sigan vagando por el espacio, como hacemos nosotros, y nuestros caminos no se hayan cruzado, o hayan perecido en algún lugar perdido de este pozo sin fondo. 

Para los que no hemos conocido otra cosa, Ribatarian es nuestro hogar, es donde hemos nacido, donde crecemos y para muchos donde moriremos, solo unos pocos son elegidos para el viaje de vuelta a casa. El último itinerario fue infructuoso, no encontramos ningún lugar susceptible de convertirse en nuestro nuevo hogar y nos alejamos tanto de Hikari que la luz que llegaba a la nave no era suficiente para alimentarla, es nuestro punto débil, a Herätä no le hubiera sucedido. 

El núcleo de la actual Ribatarian, ha sufrido cambios con los años, tiene una bolsa de aire alrededor del mismo, cuando estamos en las proximidades de Hikari su calor calienta el aire de esa bolsa y este a su vez se transforma en energía a través de un sistema de aerotermia que nos provee de energía y mantiene la temperatura constante a bordo de la nave. Esa energía sustenta las lámparas y sistemas de riego de nuestro pulmón, un invernadero situado en el centro de la nave en el que crecen miles de especies diferentes produciendo el oxígeno que respiramos y el alimento de toda nuestra población. El agua la obtenemos del hielo que recogemos en satélites y planetas cercanos, se almacena junto a la despensa en la que conservamos todo lo que recolectamos. Cada hueco de esta nave está pensado y optimizado al máximo para poder sobrevivir de forma autónoma. 

Jangal, la actual responsable del invernadero, lleva años enseñándome todo lo que sabe, algún día la sustituiré, pero de momento sigo sus pasos, observo y aprendo. Conforme he ido creciendo he tenido nuevas y variadas tareas, al principio tenía muchísimo tiempo libre y mis obligaciones solo consumían una pequeña parte del día, hoy es lo primero que veo al despertar y lo último que veo antes de ir a dormir, paso todo el día aquí. Apenas me relaciono con el resto de compañeros, aunque soy afortunada, no he visto un lugar más extraordinario y hermoso que este. A veces nos visitan otros compañeros comprobando el sistema de riego como Tuk, el responsable del sistema hídrico y Vesi su aprendiz, es muy concienzuda, lo sigue a todas partes; en ocasiones parece su sombra e incluso se chocan cuando él se detiene de súbito para comprobar cualquier cosa. Tenaga y Spirit también pasan por aquí una vez por mes para comprobar que el suministro de energía es constante y eficiente. Ella es muy estricta, seria, nerviosa y dedicada, en cambio Spirit que aspira a sucederla algún día es sereno, relajado y flexible, no hacen buenas migas, pero han aprendido a tolerarse. Y esas son las personas a las que me encuentro en mi día a día, luego están los recolectores a los que apenas conozco y mis padres a los que veo con suerte una o dos veces al año.

No sé si siempre ha sido así o hubo un tiempo en el que la comunidad se reunía, se conocían unos a otros e intimaban, se relacionaban. Para mí este es un lugar en el que sólo conoces realmente a tu maestro, mejor incluso que a tus progenitores. Cuando naces se decide qué tarea te encomendarán y en función de la misma te ponen un nombre relacionado con esta, el mío, Midori quiere decir verde en la lengua de mis ancestros y el de Jangal quiere decir bosque en la de los suyos. Los nombres de Tuk y Vesi significan agua en sus respectivos idiomas de origen. La traducción de Tenaga es energía y Spirit asegura que su nombre es en realidad energía, pero he estudiado sobre el idioma de sus antepasados y en realidad creo que quiere decir alma, lo que no es del todo inapropiado, porque si la nave tuviera que tenerla sería su sistema de energía. 

Quedan sólo algunos días para alcanzar el punto desde el que descenderemos, he sido una de las elegidas para comprobar el sustrato de suelo y las especies que continúan con vida, ya que el Consejo sospecha que encontraremos una Tochi al borde de la extinción e inhabitable, es un pronóstico desolador, lo sé. Imagino que prefieren prepararse para lo peor, ya que cada viaje de vuelta ha sido menos alentador que el anterior. Llevamos demasiadas generaciones en el espacio, ni siquiera sería sencillo para nosotros volver a respirar el aire natural, ya que el de nuestro sistema de ventilación no es una réplica exacta del que hay allí, ni mucho menos estamos preparados para la radiación UVA, ni quizá el contacto con otros seres vivos. Mi madre siempre me decía de pequeña “hay que vivir preparado para lo peor, esperando lo mejor” y eso hago, soy consciente de que puedo encontrar una Tochi yerma y estoy lista para afrontarlo, pero espero encontrar selvas tropicales extensas, bosques frondosos y tierra fértil. Me encantaría traer ese mensaje de vuelta a Ribatarian, alentaría a nuestros ciudadanos y les daría esperanza. 

Durante meses han sustituido algunas de mis tareas por entrenamientos para prepararme para el descenso. Rakenne tiene nuestra nave modular lista y Karada me entrena todos los días a conciencia para que pueda resistir la fuerza centrífuga a la que estaré sometida durante la caída y también a la gravedad de Tochi, ligeramente más elevada que la nuestra, nunca hemos conseguido replicarla. Durante los entrenamientos me encuentro en ocasiones con algunos de los compañeros de viaje que tendré, pero ni siquiera cruzamos más de dos palabras, Karada nos tiene demasiado ocupados y exhaustos como para poder emitir más de tres palabras enlazadas. Cuando terminamos, todos debemos regresar a nuestras tareas, así que tampoco hay tiempo para relajarnos y charlar. Sé que uno de ellos se llama Paane y que comprobará el estado del sistema fluvial, otra chica llamada Valtameri se encargará de comprobar el estado de los océanos, también está Psyche que analizará la población humana que podamos encontrar, pero sé poco más de los demás, he preguntado en varias ocasiones por ellos en las reuniones con el Consejo, pero siempre contestan igual “tu prioridad es la tierra, nada más”. Para entender la obstinación de mis dirigentes solo hay que leer la inscripción que hay en cada ensamblaje entre las naves que componen Ribatarian, se puede leer grabado en el metal “Libertas est sapientia”, lo más importante para nuestra civilización es el conocimiento. Hemos puesto todas nuestras esperanzas en que el saber nos dará la libertad ya sea en un nuevo planeta o de vuelta a Tochi. 

Se espera de nosotros que cultivemos nuestra mente y nuestro cuerpo para que nuestra civilización progrese y mejore con cada generación, las relaciones interpersonales están en segundo lugar y suelen ser con personas relacionadas con las tareas que nos son encomendadas, mis padres por ejemplo trabajan en las cocinas preparando los alimentos que todos comemos. Ni siquiera he visto nunca el rostro de las personas con las que me cruzo de camino al invernadero, los pasillos y estancias son oscuros, cada uno sigue el camino de puntos de luz que le lleva a su lugar de trabajo, sería descabellado iluminar todos los pasillos y estancias, estaríamos derrochando energía, de modo que solo están iluminadas las imprescindibles. Por eso me siento afortunada de poder pasar el día en un lugar iluminado, ventilado y cálido, rodeada de vegetación y de tierra húmeda, fértil, llena de vida. Cuando vuelvo al camastro echo de menos la luz, por eso me emocioné cuando Spirit me regaló una linterna que él mismo recarga dejándola a la luz de Hikari, cada mes cambiamos una recargada por otra vacía y con ella puedo leer en mi camastro cuando no encuentro motivos para dormir o escribir como hago hoy, el papel y la tinta me enseñó a fabricarlos Jangal. Incluso comemos por turnos para optimizar al máximo el tiempo útil de los ciudadanos, por supuesto. Aquí está mal visto perder el tiempo con entretenimientos huecos y banales, cada acción, cada pensamiento debe estar orientado a hacernos mejorar y progresar, nada más. Por eso debo leer a escondidas los libros que me consigue Vesi sobre amor, fantasía o aventuras, creo que los he leído ya todos, porque se repiten y hace tiempo que no me trae ninguno nuevo, pero sigue trayéndolos y se lo agradezco, dan color a mi día a día y muchas veces me han servido de inspiración para mejorar en mis tareas, por eso no entiendo por qué la contemplación o el entretenimiento están vetados, siempre me han regalado grandes ideas. 

Todos nos apoyamos, yo les he regalado a ellos brotes que sobreviven sin apenas luz ni cuidados para decorar sus estancias, también algún fruto reservado para el Consejo, ya que hay alimentos que nunca llegan a las manos de los ciudadanos comunes, o alguno de mis manuales con imágenes sobre los ecosistemas que hay en Tochi y las especies que habitan en ellos. Tratamos de hacer el viaje lo más ameno posible, he tenido suerte con las personas con las que me ha tocado coincidir, decir lo contrario sería mentir. Mis padres en cambio siempre tenían que andarse con ojo porque sus propios compañeros estaban deseando acusarlos de robo o de prácticas poco eficientes para que los sancionaran por ello. Mi madre solía decir que aquella cocina era un infierno en el que merecía la pena ser sordomudo y tener los ojos bien abiertos, por eso tardé años en confiar en mis actuales compañeros. Fue Jangal quien logró que se me asignara esta tarea para que no terminara en las cocinas como mis padres, los conoce de acompañar a los recolectores a las despensas y siempre han tenido buena relación. Cuando mi madre se quedó embarazada ella buscó la manera de que yo terminara aquí. Hubiese sido ella la encargada de bajar a Tochi, pero en seguida que contactaron con Jangal para que lo hiciera me señaló a mí para ir en su lugar, aseguró que su cuerpo no aguantaría el viaje, es mayor que mis padres, pero no tanto como para no soportar el viaje, la veo todos los días cargar sacos de compostaje de treinta kilos como si fueran ligeros, supongo que ha decidido dejar el camino abierto a las nuevas generaciones y brindarme la oportunidad de hacer algo memorable, no hemos hablado sobre ello. Por hoy es suficiente, encontraré otro hueco para continuar mi 

Han sido días duros, los entrenamientos se intensificaron y Jangal me tuvo ocupada repasando los componentes que debería analizar para conocer el estado del sustrato, me explicó también como tomar muestras de las especies que encontrara para traerlas de vuelta y plantarlas. Hoy es el primer día desde que tengo memoria que me han encomendado como única tarea descansar, así que he aprovechado para retomar el relato. Conozco ya los nombres y los rostros de los nueve compañeros que descenderán conmigo, la mayoría tienen mi edad y están preparados para el descenso tan poco o tanto como yo. Como no he conocido a nadie que descendiera no tengo claro nuestro nivel de preparación, me preocupa que no estemos lo suficiente preparados. Creo que me he cruzado con Spirit por los pasillos hoy y me ha deseado suerte, pero el ruido del sistema de ventilación no me ha permitido distinguir si era su voz. Llevan dos días observando la superficie de Tochi y no hay ni rastro, ningún indicio de que alguien habite el planeta, aparte de la escasa vegetación que se observa a simple vista y la fauna que podamos encontrar ahí abajo. Ciudades desoladas y cubiertas por la arena es lo único que han podido ver hasta ahora. La temperatura más baja durante el día es de cincuenta grados y por la noche la más alta de menos diez grados, no será fácil resistir ahí abajo, debemos estar concienciados. 

Hoy he comido con mis compañeros en el último turno del día, tan solo estábamos nosotros, he podido conocerlos un poco a todos antes de que cada uno volviera a su respectivo camastro. Ayer me despedí de Jangal y pude ver a mis padres, porque por remota que sea, existe la posibilidad de que no vuelva. Estoy preparada para lo peor, sin embargo espero lo mejor de todo corazón. Comienzo a sentir que este viaje lejos de ser una oportunidad es una condena a muerte, pero desoigo ese tipo de pensamientos y trato de recordar que existen otros finales para esta historia. No quiero dejar constancia de mis miedos, sino de mis esperanzas, escribiré de nuevo cuando me sienta mejor. 

No fui capaz de escribir nada más antes de descender, el miedo se apoderó de mí por completo y no desapareció hasta que puse un pie en aquel desierto. Os contaré lo que ocurrió, espero que os alegréis tanto como yo de que pueda hacerlo. 

El descenso fue extremadamente duro, sentí como si una lápida me oprimiera el pecho y mis huesos se retorcieran durante todo el recorrido desde que nos desprendimos de Ribatarian hasta que la nave frenó en seco para caer con ligereza los últimos metros antes de posarse sobre Tochi. Si alguno de mis compañeros gritó, lo desconozco por completo, el sistema de comunicación estuvo apagado durante todo el descenso, yo grité hasta quedarme afónica del todo, nunca me había ocurrido, fue algo completamente nuevo para mí. Valtameri se quedó inconsciente y tuvimos que esperar a que despertara antes de abrir las compuertas. 

Después de ayudarnos unos a otros a colocarnos el equipo de exploración con el que habíamos practicado a bordo de Ribatarian, se abrieron las compuertas y la luz nos cegó durante un momento, después fuimos aclimatándonos a la sensación de la gravedad y el dolor de nuestras articulaciones atraídas por el contorno del planeta hacia su superficie. Unas horas más tarde pude oír los comentarios de Psyche completamente desilusionada de no haber encontrado a ningún habitante con vida, aunque sí los restos de algunos de ellos. Contempló las ruinas de la ciudad más cercana para tratar de averiguar más sobre sus vidas y su cultura. 

Escuché también el desalentador comentario de Paane que no encontró fuente alguna de agua en los alrededores, Valtameri en cambio estaba entusiasmada, durante su inmersión en el océano dentro de su cápsula encontró decenas de especies diferentes y tomó muestras de la masa de agua salada. Yo estaba concentrada tomando muestras de la arena de aquel desierto y de los alrededores, observando las escasas especies vegetales que encontraba y anotándolas, tratando de entender las que no conocía para tomar muestras de cada una de ellas que garantizaran que podrían vivir a bordo del Ribatarian. Entonces Sat aseguró haber encontrado especies conocidas en el interior de un pequeño pedazo de selva que había cerca de donde estábamos y al que yo me dirigía en aquel momento, me rogó que fuera rápido para que pudiera verlos. 

Allí estaban aquellos simios, tímidos, sorprendidos de vernos, como nosotros a ellos, pero no fue lo que más llamó mi atención, aquella porción de selva no parecía llevar allí demasiado tiempo, comencé a tomar muestras de todo aquello mientras Sat trataba de relacionarse con los simios sin demasiado éxito. No eran exactamente como los que habíamos estudiado en nuestros manuales, su pelo y su piel eran blancos, sus ojos eran susceptibles a cualquier cambio en su estado de ánimo o la luz que se filtraba a través de la vegetación, oscuros y dilatados mientras permanecían tensos, a la sombra; azules con una pupila apenas imperceptible cuando el sol los sorprendía entre las hojas. Estaban muy emocionados, encontraron más adelante insectos y aves que no parecían volar, pero trepaban los árboles con gran habilidad. 

La primera noche no pudimos dormir, estábamos demasiado excitados, al día siguiente Kikai nos llevó hasta el siguiente punto que debíamos estudiar, sobrevolamos el océano y logramos alcanzar un nuevo continente, la única ciudad que no había sido sepultada por la arena estaba todavía más devastada que la anterior y parecía haber tenido lugar algún tipo de batalla, pero la vegetación se había adueñado por completo de la ciudad, la tierra era fértil y la humedad era elevada, por lo que todos pensamos que en algún lugar debía de haber una fuente de agua.

Paane recuperó la esperanza y buscó la manera de encontrarla mediante los diferentes utensilios de los que disponía, los mismos que solíamos utilizar cuando buscábamos una fuente de agua en un satélite o un planeta para poder suministrarla a Ribatarian. Encontró el manantial, un acuífero daba de beber a aquellas frondosas plantas que estudié durante horas, no había ni rastro de raíces, las seguí, se internaban en el cemento quebrado de la ciudad. Ahora necesitábamos encontrar la entrada para que Paane tomara muestras.

Ni rastro de la humanidad, era como si todos se hubieran marchado, como si hubieran desaparecido, de tratarse de una extinción Psyche hubiera encontrado señales, pero los cuerpos que encontró eran demasiado antiguos, el número de población era muy elevado en el último descenso según nuestros datos, hubiéramos encontrado muchos más cuerpos si se tratara de una guerra, una bomba o una extinción provocada por cualquier otro motivo. Tuve que analizar mis muestras en busca de sedimentos que pudieran demostrar si los cuerpos podían haberse desintegrado, pero no pude encontrar nada que le diera más información a mi compañera. 

Fly terminó de analizar el aire aquella tarde, nos dijo que era seguro respirarlo, pero que deberíamos dejar que se mezclara primero con el de nuestros trajes para aclimatarnos, fuimos notando olores que jamás habían entrado en nuestras fosas nasales y sintiendo una renovada vitalidad al llenar nuestros pulmones con aquel aire nuevo, limpio y nada viciado, al contrario que el de la nave. Notar el sol directamente sobre nuestra piel fue angustiante, pero al tratarse del atardecer pudimos resistirlo sin que nuestra piel sufriera quemaduras. 

Aquella noche todos compartimos nuestros descubrimientos con algo más de esperanza, Paane necesitaría más tiempo para encontrar la entrada al manantial y para ello, los que ya habíamos terminado nuestras tareas le ayudaríamos a localizarlo al día siguiente, si no encontrábamos nada viajaríamos hasta el siguiente destino del recorrido planeado. Al amanecer salimos de la nave para encaminarnos de regreso a la ciudad, un nuevo descubrimiento nos dejó sin aliento, Psyche aseguró haber encontrado pisadas que no eran nuestras, de pies descalzos, no podíamos creerlo hasta que nos lo mostró, ninguno de nosotros se había quitado el calzado, pero al comprobar que también había marcas de manos junto a los pies todos creímos que podía tratarse de simios parecidos a los que había encontrado Sat.

Cuando recorría una de las calles de la ciudad localicé en mi mapa lo que parecía una bajada al manantial, avisé a Paane para que viniera hasta allí y me ayudara a interpretar las señales de mi pantalla. Habíamos encontrado la entrada, a través de unas escaleras que bajaban a lo que un día fue el alcantarillado de aquella ciudad. Bajamos y encontramos una puerta de acero sellada, sus juntas habían sido soldadas para que nadie lograra entrar, el manantial debía esconderse allí, la vegetación fue la respuesta para encontrar una entrada, las raíces se habían abierto paso hasta el agua, tuvimos que pedir ayuda a Kikai para que con una de sus herramientas abriera camino a través de los huecos que ya había abiertos en el suelo, agrandándolos. Llamamos a los demás, aquel descubrimiento merecía la pena, todos vinieron, ayudamos a que dos de nosotros bajaran, los elegidos fueron Paane y Stone, nuestra experta en geología, aquella cueva le fascinaría. 

Desde arriba sólo podíamos ver el agua alumbrada por la tenue luz de nuestras linternas, al llegar abajo nadaron tratando de explorar toda la cavidad, de pronto gritaron, allí había alguien más. Vahva y Chikara los encargados de nuestra protección bajaron tan rápido como pudieron por la cuerda, tranquilizaron a nuestros compañeros y les ayudaron a subir antes de que aquellas personas se acercaran más de la cuenta. No se sumergían en el agua, tan solo los observaban, pálidos, con apenas vello corporal y delgados. Los apodamos Moru. 

Encontramos una civilización que había vivido en silencio durante todos aquellos años desde que nuestros ancestros abandonaron Tochi, habían sobrevivido bajo tierra sin ser inoculados con la vacuna, evolucionando hasta encontrar la manera de no necesitar la luz del sol. Nuestros nuevos aliados apenas habían subido a la superficie, sus cuerpos se habían adaptado a la oscuridad y la luz del sol les provocaba serias quemaduras e incluso los podía dejar ciegos. Seguimos sin saber qué fue de los humanos, eran millones de personas, Psyche sigue ahí abajo junto a sus compañeros buscando pruebas que nos digan dónde han ido a parar, conociendo poco a poco a los Moru, sus costumbres y su cultura. 

Es fascinante haber recuperado Tochi, pero ahora tenemos muchísimo trabajo, Ribatarian no puede descender y somos miles los que vivimos aquí arriba, el Consejo lleva debatiendo durante días completos qué es lo que debemos hacer, temen que los humanos regresen y reivindiquen su tierra de nuevo, pero al mismo tiempo es nuestra oportunidad de recuperar Tochi para nuestro pueblo. 

No es la tierra fértil, limpia y civilizada que dejaron atrás nuestros ancestros, pero podemos reconstruirla de nuevo, hacerlo con todo el conocimiento y el saber que hemos acumulado durante todo este tiempo para hacer de Tochi nuestro nuevo hogar.  

Ribatarian continúa orbitando alrededor de Tochi, los ingenieros trabajan para convertirla en un acorazado que pueda proteger el planeta del posible regreso de los humanos, sé que nosotros también lo somos, humanos, pero de algún modo hemos pasado a ser otra cosa, todo este tiempo, todas las generaciones a bordo de la nave han ido transformando. Igual que los Moru tuvieron que adaptarse a su nuevo medio y ahora ya no les crece vello corporal y, en cambio, tienen la piel mucho más dura que la nuestra. Los hemos ido conociendo poco a poco, ellos han preferido continuar bajo la superficie, pero los tenemos en cuenta para tomar cada nueva decisión. 

En Tochi hemos utilizado los restos de la Civilización Roja para construir nuevas naves transbordadoras con las que poder subir y bajar de Ribatarian. Jangal y yo estamos demasiado ocupadas con la creación de nuevos invernaderos. Todavía no hemos sembrado las especies que tenemos a bordo de Ribatarian porque muchas hace cientos de años que se extinguieron y no queremos devolverlas a Tochi hasta que estemos seguros de que con ello no perjudicaremos a la flora y la fauna de este planeta. Todavía tardaremos en tener cultivos constantes y productivos, de modo que seguimos subsistiendo con lo que obtenemos a bordo de la nave. 

Aquí abajo, la gente se comporta de manera diferente, el sentimiento de comunidad que tanto había añorado es nuestra manera de afrontar los retos que encontramos cada día, nos ayudamos los unos a los otros y colaboramos para encontrar la mejor manera de hacer las cosas. Vivir aquí es duro, pero mordazmente gratificante, salir por la mañana y respirar a pleno pulmón el aire, sumergirnos en el agua del océano, caminar entre las copas de los árboles que colonizaron la ciudad, observar la fauna que los puebla. Por eso estamos construyendo nuestro asentamiento a las afueras de la ciudad, no queremos perturbar la calma de quienes pueblan Tochi en este momento. Nos esperan grandes cosas, estoy convencida de ello. 

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