Cardo

Si cuando me llamaron cardo se refirieron a este acepto con gusto el halago.

Encontrar belleza en las pequeñas cosas y allá donde no esperabas encontrarla.

Encontrarte a ti en otras cosas y ver tu reflejo así.

Quedarte perpleja, cuando adivinas que te haces vieja al encontrar una foto que ni siquiera recuerdas.

Buscar entre cajas, sobres y carpetas aquella carta que te escribieron cuando eras pequeña,

esa que buscas siempre cuando te sientes minúscula, como si nadie te viera.

Que un poco de aquí y de allá me siento yo hoy, pero en ninguna parte me encuentro,

solo divago y me entretengo entre cosas nimias y sin fundamento.

Te lo cuento porque necesito valerme de esto, de un cardo hermoso

y mis recuerdos para arrancarme los temores y los lamentos,

porque escribo siempre con un motivo sea mío o lo encuentre en el recorrido.

Porque escucho y miro más de lo que pienso y respiro aunque a veces parezca ausente,

siempre estoy presente, atenta al zumbido que emite el vaivén de la gente.

Adoro a esos personajes que me rodean, que sienten, que padecen,

cada uno a su manera mientras prosperan y crecen.

Me sirvo de sus gestos, de sus historias y sus monstruos para crear historias paralelas

que nacen de sus rostros y se enredan en mi cabeza.

Escribo mas no tengo opción de hacer otra cosa,

me sale sola esta cosa que no me deja libre a ninguna hora.

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